Sobre Ridel Fernández en El Nuevo Herald

Hoy escribo sobre Ridel Fernández, poeta, galerista, libretista, animador cultural y un poco el alma de muchos eventos culturales en San Juan de Puerto Rico. Allí tuve el gusto de presentar junto a él Aldabonazo en Trocadero 162, el libro en homenaje a Lezama Lima. Yo leí algunas páginas de ese libro y Ridel Fernández leyó poemas de su reciente poemario En pocas palabras. De ese encuentro y de un viaje que hicimos a El Yunque surgió este artículo sobre su obra y vida que publico hoy en El Nuevo Herald:

Enlace: Ridel Fernández en pocas palabras / El Nuevo Herald

Ridel, portada

Ridel Fernández en pocas palabras

© William Navarrete 

El Nuevo Herald, 17 de febrero de 2013

Ridel Fernández, galerista, escritor y animador cultural ha sido un personaje clave de la vida cultural de San Juan de Puerto Rico en los últimos treinta años. Nació en la ciudad cubana de Camagüey, salió de la isla en 1979 mediante el puente marítimo del Mariel. Vivió pocos meses en Miami y se estableció inmediatamente en Puerto Rico, donde vive aún.

En los inicios de su vida académica estudió Biología; sin embargo, pronto su vocación por las letras tomó la delantera y es por ello que ingresa en la Universidad de La Habana, en donde estudia Filología en la Facultad de Artes y Letras. Ya en esa época estaba inmerso en el acontecer artístico de la capital cubana y además de relacionarse con muchos escritores que allí vivían, escribió también varios libretos para la primera baladista de Cuba, Martha Strada, interpretados luego por ésta durante sus presentaciones en el Teatro Musical.

La vocación literaria lo lleva a escribir entre 1969 y 1972 tres poemarios: En pocas palabras, La guerra de Secesión y En la boca del lobo. De ellos, cuarenta años después, acaba de rescatar el primero. Lo ha publicado bajo el cuidado de Ana Riutort, en la editorial Plaza Mayor. Los dos restantes poemarios sospecha que deben hallarse en los archivos de la Seguridad del Estado cubano, a donde fue conducido en 1979 y condenado a un año de prisión domiciliaria después de que la policía política cubana ordenara un registro en su casa. En aquel momento los tres manuscritos fueron confiscados.

En pocas palabras, el poemario que presentamos en estas páginas, fue salvado gracias a que uno de los dos manuscritos existentes se encontraba en casa del dramaturgo cubano René Ariza, a quien también detuvieron el mismo día en que arrestaron a Ridel Fernández y quien también dejó la isla durante el éxodo del Mariel. Es ese ejemplar el que le llegó a Puerto Rico, de manos de un poeta español que lo tenía, cuatro décadas después.

Prologado por el historiador cubano exiliado en Madrid Leopoldo Fornés-Bonavía Dolz, En pocas palabras, como su título lo deja entrever, es un libro de poemas cortos. Son versos que contrastan con la personalidad carismática del autor y su manera de contar anécdotas y chistes hasta la saciedad. Ridel Fernández es un conversador nato, pero sus poemas rehúsan las explicaciones y se abrevian en pinceladas que no por ser breves son menos percutantes. Tal vez por eso Reinaldo Arenas lo llamó, en aquella Habana de fugas constantes y de miedos, “el poeta de la parquedad”.

Uno de los poemas de este libro define (autodefine) al autor: “A quien pueda interesar: / Yo / Ridel Fernández Rosado / (poeta de profesión) / hago constar: / que soy / maestro / amigo de mis amigos / cubano / sincero / inconstante / contradictorio / y un poco santero.”

Nótese que al considerarse “(poeta de profesión)”, entre paréntesis, hace uso de la ironía porque en realidad no se las da de poeta y sí de todo lo que enumerará más tarde. Para después añadir, o más bien aclarar, en la estrofa siguiente: “Yo / soy una caja de sorpresas / un compendio de muchas historias…”. Y es tal vez de ese mismo compendio que le nace el deseo y la habilidad de ser poeta; de ser, como él mismo apunta, “una caja de sorpresas”.

En San Juan de Puerto Rico, exactamente en Río Piedras, por más de dos décadas, Ridel Fernández ha dirigido la galería y espacio cultural Studio Ridel. En ese espacio realizó en 1990 la única exposición personal que tuviera en vida en la isla el maestro de la vanguardia cubana Cundo Bermúdez, de quien, paradójicamente, el edificio Caribe exhibe dos grandes murales de 17 pisos: La flora y Las Antillas, sin dudas los más grandes, en su momento, de Puerto Rico. También en su galería expuso la obra del escultor Alfredo Lozano y, desde su apertura, la convirtió en un foro de intensa vida cultural en donde se presentan libros, poetas, músicos, artistas, e incluso, piezas dramáticas y conferencias. Esa misma inquietud artística constante lo ha llevado a producir espectáculos musicales de artistas como la cubana Renée Barrios, la jazzista boricua Lucy Fabery, la bolerista Carmen Delia Dipini, el cantante Santitos Colón, entre otros, todos dirigidos musicalmente por Mandy Vizoso Ruiz y acompañados con textos explicativos de Cristóbal Díaz Ayala.

Cuando le pregunto a quién agradece sus primeros pasos en el mundo de la escritura no vacila en contestar que a su ídolo de las letras, Virginia Woolf, y a su primera profesora en materia de literatura, la escritora cubana Lilliam Moro, a quien dedica dos de los poemas de su libro. Sus poetas preferidos son José Martí, al que considera “el más contemporáneo de todos”, César Vallejo y T. S. Eliot. Con ironía también dedica otro de sus poemas a Nicanor Parra, a quien hace preguntas lacerantes que, seguramente, sólo un antipoeta como el chileno podría responder con certeza o con poesía.

Ridel Fernández tiene suficiente material, en cuanto a anécdotas y vivencias, para llenar páginas. No ha de extrañar que además de los libros de poesía perdidos y otro que tiene en preparación, esté acariciando la idea de un libro de memorias en que no faltarán  historias, personajes variopintos, celebridades y situaciones extraordinarias que ha vivido en primera persona durante los años de juventud en Cuba y las tres décadas de vida en San Juan. Para esta ocasión no será “en pocas palabras”, sino con lujo de detalles que dejará constancia de una existencia azarosa y rica en vivencias.

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