Cuando las cosas se fabricaban en Japón

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Mi reproductora japonesa de 1997, Panasonic, modelo RN-202 y los cassetillos TDK , también nipones.

No recordaba estas entrevistas: unas treinta realizadas por Enrique José Varona y por mí, en París (otras en Miami), entre 1998 y 2000. El reciente fallecimiento de mi gran amigo Carlos M. Luis me obligó a desempolvar los antiguos cassettes en que estaban grabadas nuestras conversaciones con los entrevistados (Gay García, Baruj Salinas, Joaquín Ferrer, Guido Llinás, Lorenzo Mena, Gina Pellón, José Triana, Nivaria Tejera, Robert Altmann, Roberto García-York, Leandro Soto, Ricardo Porro, Eduardo Manet, Jorge Camacho, Jorge Pérez Castaño, Moisés Finalé, Lilliam Llanes…. y muchos más), incluso Oswaldo Payá cuando visitó París en 2003, quedando este último fuera de aquel ciclo antes mencionado.

Casi siempre transcribíamos la entrevista, la editábamos y se la envíabamos al entrevistado para que arreglara, quitara o pusiera lo que estimara conveniente. Gracias a esto conservo los manuscritos, de puño y letra, de muchos de ellos.

Ahora bien, la tecnología nos juega muy malas pasadas. Algunas de aquellas entrevistas nunca fueron transcritas y, si lo fueron, quedaron en un fichero conservado, tras cambios consecutivos de ordenadores, en discos de otra generación que nuestros ordenadores de hoy son incapaces de leer. No quedó mas remedio que recurrir a la audición de los cassetillos, originalmente utilizados, legibles solamente en un aparato de otros tiempos. En este justo momento fue que también desempolvé mi vieja reproductora Panasonic comprada en 1997 justamente para realizar dichas entrevistas. Me dije que aquello no debería andar ya cuando al cambiarle las pilas y colocar el primer cassete, quedé boquiabierto. ¡Funciona impecablemente!, y ello a pesar de que desde la entrevista a Payá, hace ya 10 años, nunca más la había utilizado.

Fue entonces que exclamé: “¡Esto es de cuando las cosas se fabricaban en Japón!”, pues, en efecto, mi Panasonic para microcassettes, modelo RN-202, lleva la marca de fabricación en la ciudad nipona de Osaka.

Y si a mis abuelos les tocó lamentar la época en que casi todo lo que compraban era “para toda la vida”, porque se fabricaba en Estados Unidos; a mí, visto la invasión de cacharros chinos de pésima calidad, tóxicos y efímeros, me corresponde evocar con nostalgia la calidad de aquellos aparatos japoneses que todavía, como mi pequeña reproductora, siguen funcionando.

No sé qué pensarán de nosotros en Japón, parafraseando el título del libro del amigo Enrique del Risco, pero en mi caso digo todo el bien que pienso de los hijos del Imperio del Sol Naciente. Espero, en cambio, por el bien del planeta, que a los adolescentes de hoy no les toque dentro de unos años evocar con nostalgia esta época en que todo se fabrica en China.

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