Aixa Requena, una artista del Viejo San Juan

Hoy escribo sobre la artista puertorriqueña Aixa Requena a quien tuve el placer de entrevistar en su taller del Viejo San Juan. Aquí dejo el enlace, el texto y añado fotos que hice in situ:

Enlace: Aixa Requena / El Nuevo Herald

Aixa Requena, una artista del Viejo San Juan

El Nuevo Herald, 3 de enero de 2013

© William Navarrete

Desde el taller de Aixa Requena, al principio de la calle Cristo del Viejo San Juan, la vista recorre la bahía, el puerto y se pierde, a lo lejos, en las serranías de la Cordillera Central. Los balcones, con arcos de medio punto en sus puertas de persianería, cuelgan sobre el mítico Parque de las Palomas, casi coronando las murallas coloniales del casco antiguo de la ciudad, declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad. En esa parte de la ciudad, tan fotogénica como cargada de historias, nació en 1951, esta artista puertorriqueña, de amplia y prolífica trayectoria.

Las obras de las series Vírgenes caribeñas (1994) y Texturas antillanas (1997) dan fe de la preocupación de la artista por entender  su isla natal en un contexto más amplio y abarcador: el del Caribe insular. Tal vez por ello, el estudioso cubano y especialista del ámbito caribeño Antonio Benítez Rojo, expresó, refiriéndose a la obra de Requena y a su novedosa mirada a través de puertas y ventanas (indiscretas) de los interiores de la vida doméstica boricua:  “mil puertas tienen las Antillas: puertas de piedra, puertas de agua, puertas de música, puertas de frutas y muchísimas puertas más”.

En esa isla, con barcos que flotan como islas, con imágenes de velámenes de otros tiempos atesoradas y superpuestas en la memoria, el taller de Aixa Requena en el Viejo San Juan es un navío más. Como aquellos que en otros tiempos llegaban cargados de noticias, repletos de novedosos productos y objetos, su estudio parece suspendido sobre las aguas del puerto.  La obra que realiza en ese espacio nace de un intercambio de ideas e impresiones de todo lo que por el muelle ha desembarcado para terminar transformado y devuelto al mundo gracias a su ingenio creador. Para entender ese velo de levitación que parece envolver a muchas de sus obras es necesario penetrar el espacio – su espacio -, en el que flotan añoranzas e ideas en incesante danza de sana espiritualidad.

Las texturas antillanas de Aixa penetran con agudo poder de síntesis y observación, la esencia misma de la vida puertorriqueña y, por extensión, la identidad propia del Caribe. Las particularidades regionales pueden ser entonces entendidas como una unidad ritmada por olores, sabores, colores, ritmos cadenciosos, uniformemente lentos, como manecillas de un reloj que marca un tiempo de dimensiones atípicas si observamos cómo discurre la vida en otras latitudes.

No ha de extrañarnos que esa misma exposición diera renombre a la artista. En 1997 la expuso, en su integralidad, a la Sala de los Pasos Perdidos de la UNESCO, en su sede de París, algo considerado entonces como un coup de force si se piensa en que se estaba presentando en esa antesala de Naciones Unidas como puertorriqueña, a pesar de no pertenecer el Estado Libre Asociado a la organización. El entonces Director General de la UNESCO, Federico Mayor, en las palabras introductorias al excelente catálogo de la muestra definió las texturas de los lienzos de Aixa Requena como “tesituras del canto a la vida de un pueblo, en la belleza de esa isla crisol, encrucijada, en la que convergieron a unimismarse América, España y Africa”.

Ese mismo deseo de penetrar su entorno hace que la artista indague qué espacio real ocupa la condición femenina en el imaginario y en la vida social. Vírgenes caribeñas es el resultado de estas inquietudes. Años después, Hómines, una serie de 1999, es su contrapartida. “La presencia de mi padre y la manera en que marca mi medio familiar influye en este acercamiento a los hombres que han pasado, de una forma u otra, por mi vida”, recuerda. Representarlos fue para ella una catarsis, colocar las cosas en su justo sitio, hacer un recuento, balancear presente y pasado. Por eso, creo que esta serie de imágenes fotográficas las concibió en blanco y negro, para que el color no distrayera la atención con respecto a los rasgos psicológicos que quería revelar. “Un delicioso, pero doloroso bolero”, resumió al referirse al contenido de aquella entrega.

En 2001, de cara a Nueva York, la artista innova. Crea entonces la instalación video  Between spaces fruto de su estancia como artista residente del Hunter College de esa ciudad. En ese entonces, acostumbrada a vivir en un entorno amable como es el de su espacio en el Viejo San Juan, o el de sus vecinos y amigos en Isla Verde, la artista experimentó el anonimato de la gran urbe. “Me sentía como Anita la huerfanita”, dice recordando el célebre personaje de la tira cómica de Harold Gray. La ciudad generadora de energía la devoraba anulando su individualidad. Subida en el mítico tren del progreso, tantas veces cacareado; tantas otras, fuente de desencantos, frustraciones y malentendidos, Aixa representó a través de la técnica de la emulsión fotográfica, en espacio real tridimensional, un vagón del metro neoyorkino, el mismo en que se desplazaba, como rostro invisible cada día, para llegar al Hunter. Y lo hizo utizando la técnica de la fotografía sobre aluminio, la pintura metálica sobre lienzo y el video.

Tanta soledad en medio de la muchedumbre, le hizo, sin dudas, pensar en que como ella, son millones los puertorriqueños que han vivido y viven en la Gran Manzana. La paradoja de la elección – si se entiende la manera con que suele vivirse en una isla del Caribe – es algo que no deja de asombrarle. Apreciar esta obra de Aixa Requena significa recorder aquellos versos de Federico García Lorca quien más de medio siglo antes tuvo la misma sensación cuando escribiera sobre el “alba mentida de Nueva York”. Versó entonces el poeta andaluz:  “Más vale sollozar afilando la navaja / o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías / que resistir en la madrugada / los interminables trenes de leche / los interminables trenes de sangre / y los trenes de rosas maniatadas / por los comerciantes de perfumes.”

Más tarde, en 2004, crea una obra titulada Encrucijada / Crossroad, que exhibe en el Centro Cultural Julia de Burgos de Nueva York. Se trata de una instalación video sobre arena de playa en la que aborda el tema de la emigración.

En 2008, en su serie El cuerpo del arte, retoma clásicos de la pintura europea que fotografió en grandes museos del Viejo continente. Estas imágenes superpuestas funden en una sola diferentes obras. Así crea una pieza que, bajo la óptica novedosa de la superposición, obliga al espectador a hacer memoria: a discernir en medio del travestismo pictórico qué parte de un célebre cuadro y a qué obra propiamente dicha se hace referencia. Tales apropiaciones, fenómeno estético caro a la postmodernidad del siglo XX, son, a decir de la crítica Maruja García Padilla “cuerpos de un delito”, o sea, delito delicioso de hurto de figuras a pintores como Courbet, Ingres, Artemisia Gentileschi, entre otros. Aixa los oblige a dialogar.  Hace que compartan, en una misma tela, un espacio común donde confluyen sus conocidas figuras.

Esta larga trayectoria, en que no debemos omitir la serie Espectros (1992) que la inició en el mundo de la plástica al trabajar por primera y única vez el gran formato en oleo clásico, fue recogida en una muestra antológica que bajo el título de Teatro de la memoria expuso en el otoño del 2009, en la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Allí pudieron verse muchas piezas de las series antes mencionadas, atesoradas por colecciones privadas y públicas de Puerto Rico, California, Chicago y Nueva York. Algunas han sido exhibidas a lo largo de las últimas dos décadas en exposiciones personales y colectivas en lugares tan distantes y disímiles como Los Angeles, París, México, Ginebra, La Habana, Sevilla, Cumaná, Nueva York o San Juan.

Una nueva etapa ha comenzado para la artista. Dos años de preparación preceden la nueva serie que ahora nos anuncia. Para ello ha trabajado en los archivos municipales puertorriqueños de los que ha desempolvado una gran cantidad de fotografías de otros tiempos.

“He visto todo el material fotográfico dejado por el fotógrafo ucraniano Jack Delano después de que en 1941 visitó Puerto Rico junto a su esposa Irene”, nos revela.  Delano ganó en 1945 una beca Guggenheim para realizer un libro de fotografías de la isla. Fue ésta la razón por la que un año después se traslada a San Juan, en donde realiza un impresionante reportaje fotográfico y colabora estrechamente con Luis Muñoz Marín en el ámbito de la educación y el desarrollo cultural. Allí filmó, además, un sinnúmero de películas (CañaLa voz de la montañaUna gota de aguaDesde las nubesLas manos del hombreLos peloteros, entre otras), fundó instituciones  y fue un agitador de la vida cultural, hasta su muerte en 1997.

Parte del trabajo que prepara ahora Aixa Requena tiene relación con el patrimonio legado por este ucraniano que vivió en Puerto Rico la mayor parte de su vida. En tres dimensiones yuxtapone fotos en que aparecen imágenes tomadas por Delano en la década de 1940 y lo que queda hoy de lugares y actitudes. “Me interesa saber cuánto hemos cambiado en tan poco tiempo”, me dice. A Requena le preocupa entender el fenómeno de la modernidad y captar el proceso de aceleramiento hacia algo que en los albores del siglo XX se describía como progreso y que en los del siglos XXI comienza a entenderse como signo de un progreso que entorpece y lleva implícito la decadencia en diferentes ámbitos sociales.  Hay mucho de la sangre que desborda los trenes lorquianos en Nueva York en estas imágenes superpuestas de un San Juan que el propio Delano no lograba reconocer cuando en los años 1980 intentó retomar los clichés de su primera estancia en Puerto Rico contraponiéndolos con el entorno del final de su vida.

En esta nueva etapa de su obra, quedaremos confrontados no sólo a los cambios ya generados sino al futuro inmediato. Su trabajo ha captado muy bien, parafraseando una de sus obras, la encrucijada que vivimos. Desde su estudio flotando sobre un mar de nubes, con vista a las aguas donde se anuncian las sirenas de los barcos del puerto de San Juan, su obra es fanal en medio de tanto trasiego, de tanto ajetreo incierto de la modernidad.

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Photo: © William Navarrete

Aixa Requena en su taller en el Viejo San Juan.

Aixa Requena en su taller en el Viejo San Juan / Photo: © William Navarrete

Baranquitas, 2012, de los recientes trabajos de Aixa Requena

Baranquitas, 2012, de los recientes trabajos de Aixa Requena

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Mercedes en el altar, de la serie Texturas antillanas.

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José y Carmen, 1994, de la serie Texturas antillanas.

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