Grecia Cáceres, viaje incesante entre Lima y París – El Nuevo Herald

Grecia Cáceres, viaje incesante entre Lima y París
William Navarrete
El Nuevo Herald, 8 de diciembre de 2012
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Es limeña, estudió letras en la Universidad Católica de Lima, escribe poesía desde los 13 años y hace dos décadas que vive en París. Grecia Cáceres, nacida en 1968, llegó a la capital francesa en 1992 para hacer un doctorado en poesía sobre la obra de la escritora peruana Blanca Varela, de la que ha escrito esclarecedores ensayos. Aquí la sorprendió la vida y fundó un hogar. Desde entonces se ha mantenido fiel a la literatura y no ha parado de escribir.
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Le pregunto en qué medida le han sido beneficiosos tantos años de ausencia de Lima. Nos revela que vivir en París la ha preservado de las fricciones propias de cada medio cultural cerrado, pues no ha tenido contacto diario y directo con el mundo literario de su país. A pesar de ello el Perú sigue siendo el centro de su escritura, su fuente de inspiración. “Es el origen de todas mis imágenes y Lima es el personaje central de mi obra”, añade. “Además, en la lejanía, visto todo desde aquí, las imágenes cobran cierta autoridad porque permanecen casi puras en el recuerdo”
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A pesar de ello, confiesa que viviendo en Francia extraña la manera de relacionarse con las personas en su país, cierta llaneza en el trato. “En alguna medida me conviene el estilo autoprotector con que los franceses conciben su vida privada, pero no dejo de extrañar la manera en que nos relacionábamo entre seres humanos en nuestro país”. También echa de menos a su lengua en cada esquina, sentirla viva en las voces de la calle, enriquecida en las conversaciones diarias según la experiencia y origen de cada cual. No obstante se da cuenta de que necesita su vida en París: “una ciudad ordenada en lo externo que me permite ordenar mi mundo interior”.
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Confiesa que fue durante los años en que cursó estudios universitarios que conoció realmente la diversidad social de su país, pues en las aulas pudo frencuentar, por ejemplo, a gentes que venían de colegios tradicionales y que aportaban una visión de un Perú del que ignoraba casi todo. “Comparada con quienes venían de aquellas instituciones privadas yo era una joven de avanzada, de ideas atrevidas y poco convencionales”, aclara.
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En La espera posible (1998), primera novela, antepone el marco andino, aunque no el indigenismo propiamente dicho. Sitúa la trama en Recuay, un pueblo convertido en lugar fantasma desde que el terrible terremoto de 1970 lo borrara prácticamente del mapa, aunque la historia que cuenta sucederá en 1912. A la autora le interesa el tema del patrimonio cultural de su país y explora constantemente la manera de actualizar ese pasado, de darle nueva vida y uso, sin que quede congelado en estanterías y muebles de un mueseo. Le preocupa mucho la relación del peruano de este tiempo con su pasado y con los objetos que lo ilustran.
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Grecia Cáceres publicó su primer libro de poesía, De las causas y los principios / venenos y embelesos, en Perú, poco antes de salir rumbo a París. Tal vez es la razón por la que en su país se le conozca más como poeta que como novelista, incluso habiendo escrito más prosa que verso.
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Más tarde publicó En brazos de la carne (Ed. Asaltoalcielo, 2006), su segundo libro de poemas. Mucha de su poesía ha sido publicada en revistas, en folletos y páginas electrónicas y siente que va siendo hora de reunir en un solo libro todo aquello que ha permanecido disperso. En el poemario de Asaltoalcielo, la poetisa aborda el tema de la maternidad y el parto (Grecia es madre de cuatro hijos), los placeres y dolores que acompañan el acto del alumbramiento, tan esencial para la sobrevivencia de los humanos y tan poco evocado en la poesía, para no decir que por la literatura en general.
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En cuanto a la prosa, La vida violeta (2003) es su segunda novela y Fin d’après-midi (en traducción francesa), publicada en el 2006, la tercera. En la primera de éstas, una secretaria de unos 40 años contempla desde la ventana de la oficina gris en que trabaja, en el centro de Lima, los transeúntes que caminan por la calle. Imagina sus vidas, sueña… Pronto entabla amistad con una familia chilena, que se establece en ese barrio y abre allí un salón de té. De este hecho surgirán relaciones sentimentales que ofrecen un panorama bastante completo y profundo de la vida de las personas simples, aquellos seres anónimos, a veces casi invisibles, que pueblan las grandes ciudades.
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En Fin d’après-midi, la segunda de sus novelas, narrará la vida cotidiana de jóvenes en una sociedad en la antesala de una crisis: el Perú de la década de 1960 hasta el estallido de los moviemientos terroristas vinculados a las guerrillas. Marcada por lo que será su propia experiencia posterior en un Perú polarizado y en estado de sitio, Grecia ofrece en esta novela una reflexión sobre los años que precedieron su salida hacia París.
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En noviembre del 2012 salió en Lima su cuarta novela. Se trata de La colección (Editorial Altazor) y en ella el personaje protagónico es una ciudad de Lima de otros tiempos que sobrevive hoy día, como si bajo capas de polvo se encontrase, en ciertos medios y ambientes. La historia comienza a partir del robo de una colección de arte precolombino que atesora un joven filántropo, heredero de una de esas familias venidas a menos que conserva aún algunas propiedades y la educación pulcra de antaño. La intriga en torno al robo de sus valiosas piezas servirá de marco a una de las preocupaciones mayores de la autora: la fragilidad del riquísimo patrimonio artístico de Perú.
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“El personaje de La colección es un hombre porque considero que los hombres tienen una relación muy peculiar con los objetos”, señala. “Podrá lucir una barrabasada lo que diré y no faltará alguna feminista que quiera tirarme de las orejas, pero los hombres, en general, tienen más tiempo para coleccionar, mientras que las mujeres suelen ser más prácticas, ya que el tiempo del que disponen lo dedican muchas veces y en muchos casos a ordenar la vida en común, la de los hombres incluida”.
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Grecia vive con su familia en un barrio de París donde la única reminiscencia del mar podría ser el rumor lejano de los coches atravesando la avenida de Clichy. Del mar me habla cuando evoca una Lima en la que el océano Pacífico aparece siempre como telón de fondo al que la ciudad le ha dado la espalda durante siglos, pero cuya presencia cercana ha estado siempre en la conciencia de cada limeño. “Un mar gris, a veces verdoso, hacia donde se ha dirigido poco a poco la ciudad, como mismo se dirige el personaje de La colección, tal vez en la búsqueda de una salida para sus múltiples preguntas”, afirma.
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Recientemente la obra de Grecia Cáceres fue ampliamente expuesta durante el Festival Literario de Vincennes (Francia).
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