Sevilla es maravilla / El Nuevo Herald

Escribo para El Nuevo Herald sobre Sevilla, después de mi visita a esta ciudad andaluza en junio de este año. Las fotos fueron todas tomadas por mí. Aquí dejo el artículo copiado:

El Nuevo Herald (Pasaporte), domingo 2 de diciembre de 2012

El Nuevo Herald (Pasaporte), domingo 2 de diciembre de 2012

(suite)

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Sevilla es maravilla

William Navarrete

El Nuevo Herald (Pasaporte), 2 de diciembre de 2012

Es dicho muy conocido el de “quien no ha visto Sevilla, no ha visto maravilla”, que los propios sevillanos evocan para referirse a su ciudad. A orillas del Guadalquivir, los orígenes de la antigua Hispalis se remontan a los tiempos del Imperio Romano, seguido de un breve periodo de dominación visigoda y otro mucho más largo (ocho siglos) de ocupación musulmana en que se llamó Isbiliya. En 1492, culminada la Reconquista de los territorios ibéricos por Isabel la Católica y Fernando de Aragón, fecha que coincide con la llegada de Cristóbal Colón a América, Sevilla se convierte, gracias a su Casa de Contratación y a las entonces navegables aguas del río, en el centro del comercio entre el Nuevo y el Viejo Mundo.

Estos acontecimientos históricos la situaron en lugar privilegiado con respecto a otras ciudades de España e la convirtieron en una de las ciudades de patrimonio cultural (material e inmaterial) más notable en toda Europa. Se ha hablado mucho de las ruinas romanas de Itálica, de la cuna de dos emperadores de Roma (Trajano y Adriano), del nacimiento allí de San Isidoro (durante el oscuro periodo de ocupacion visigoda), hasta la caída de la ciudad, en el año 712 dC, bajo la égida del califato musulmán de Córdoba y, luego, como capital de los reinos Taifas hasta la llegada de almohades y almorávides que la transforman en centro de esplendor cultural y económico del que perduran monumentos tales como la Giralda, la Torre del Oro y el Alcázar.

Una visita a Sevilla debe comenzar obligatoriamente por el corazón de su casco antiguo, en donde se alza, majestuosa, la torre de La Giralda, al pie de los altos muros de la Catedral. En el espacio de unas pocas manzanas se resume la historia sevillana pues conviven a pocos metros de distancia el célebre Alcázar (palacio de los reyes moros), la Catedral (centro del poder católico después de la Reconquista) y el Archivo de Indias (antigua Lonja de Comercio) que era el centro administrativo que regía la vida económica en América.

El Real Alcázar de Sevilla, declarado en 1987 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, comenzó a construirse en el siglo X por orden de los monarcas musulmanes. Vale la pena recorrerlo siguiendo la cronología establecida por la construcción de sus dependencias. Así, desde la parte más antigua que se conserva del palacio islámico (el llamado Patio del Yeso) hasta las remodelaciones emprendidas por Felipe II en el siglo XVI, la historia del conjunto se lee como un libro en la piedra, en el que aparecen nuevos elementos según avanzamos en el tiempo.

Una vez que atravesamos la llamada Puerta del León nos encontramos en el Patio de la Montería que da acceso, por una parte, a la llamada Casa del Almirante (en donde originalmente Isabel II colocó la Casa de Contratación, fundada en 1502 para tratar todo lo referente a las nuevas colonias americanas y en donde se planificaron muchos de los grandes viajes de descubrimiento como el de circunvalación de Magallanes) y, por otro, al Palacio de Pedro I, construido a partir de 1356, auténtica apoteosis del mudéjar, del que sobresalen los famosos Patios de las Muñecas y de las Doncellas, así como el fabuloso Salón de los Embajadores (de cúpula dorada en forma de media naranja), así como una sucesión de salones cubiertos por techos de artesonado de exquisita factura, habitados en diferentes momentos por Carlos V y Felipe II .

El llamado Palacio Gótico, también en el recinto amurallado del Alcázar, fue obra del rey Alfonso X quien ordenó su construcción a partir de 1254. Sobresalen el llamado Patio del Crucero (con los baños de Doña María), la Capilla, la Sala de Fiestas y la de los Tapices, esta última ocupada por la valiosa colección de tapices flamencos que representan la batalla de Túnez librada en 1535 por Carlos V.

Mención aparte merecen los jardines del Alcázar, bajo la sombra de palmeras y naranjos, y uno de los lugares más agradables de Sevilla, separados de los jardines públicos de Murillo, por las murallas árabes del recinto. Forman parte del conjunto el Jardín de Mercurio, el de la Danza, el de Troya, el de las Flores, el del Chorrón, e incluso un jardín a la inglesa, un laberinto, un rosal y hasta el llamado Jardín de los Poetas, concebido a finales de la década de 1950. Pabellones, cenadores, fuentes, alamedas recubiertas de azulejos, estanques, galerías, castilletes, grutas artificiales y un rico mobiliario propio de la paisajística y jardinería ornamentan el paseo entre magnolios, palmeras, cipreses, limoneros, granados y decenas de variedades de árboles, plantas y arbustos.

A pocos metros del Alcázar, la Casa Lonja o Consulado de Mercaderes (actual Archivo de Indias) es un edificio sobrio de estilo herreriano de 1585, ordenado por Felipe II al arquitecto que había, años atrás, concebido El Escorial. El edificio, bastante deteriorado ya a mediados del siglo XVIII, fue el sitio escogido por Carlos III para reunir los archivos dispersos de todo lo referente a las colonias españolas. Hoy día, 43 000 legajos, que incluyen 80 millones de páginas y unos 8 000 mapas, constituyen la colección de documentos allí atesorada. En el primer piso del edificio, una exposición permanente exhibe, de manera didáctica, diferentes documentos relacionados con etapas importantes de la colonización de América, así como óleos entre los que se destacan dos realizados por Goya y una serie completa de retratos de todos los Capitanes Generales de la Isla de Cuba, repartidos a lo largo de sus salas.

Completa esta visita del centro neurálgico la de la monumental Catedral, que se alza sobre los restos de la antigua mezquita a partir del 1248 y es el tercer templo cristiano en importancia en el mundo, después de San Pedro de Roma y del Duomo de Milán. A partir del 1403, la antigua mezquita fue derribada para dar paso a un edificio gótico, del que remates, bóvedas, arcos y cúpulas constituyen lo esencial de la fisonomía actual. Posteriormente, ya en XVI, se producen añadiduras que, signo de los tiempos, ostentan los cánones renacentistas: la Sacristía Mayor, la Sala Capitular y la cabecera de la Capilla Real. El estilo posterior, el barroco, dejará también su impronta en la Capilla del Rosario aledaña, en la que sobresalen ocho estatuas monumentales esculpidas en 1657 por el maestro José de Arce. Dentro del templo, entre los monumentos más visitados, se hallan el panteón real de los reyes San Fernando y su hijo Alfonso; la imagen de la Virgen de los Reyes (patrona de Sevilla) y el mausoleo de Cristóbal Colón, en donde reposan desde 1902 las cenizas (autentificadas) del Almirante, desde que fueron traídas de La Habana, en 1898, tras la independencia de Cuba.

Al exterior de la Catedral, el patio de las Naranjos y La Giralda (símbolo de la ciudad) son elementos que sobrevivieron de la mezquita original. El segundo era el alminar del templo musulmán, concebida a partir de la Kutubia, célebre minarete de Marraquech. Un elemento añadido es el campanario de 1568 a donde es imprescindible subir para disfrutar de la mejor vista de la ciudad y entender su disposición con respecto al río y a la otra orilla, en donde crece el barrio de Triana.

A un lado del Alcázar se extiende, hasta la llamada Puerta de la Carne, el célebre Barrio de Santa Cruz. Plazuelas a la sombra de naranjos, bancos de azulejos, fachadas de alegres coloridos, patios ornamentados con fuentes y enredaderas de parras y zarzas, dan a esta parte el carácter pintoresco que tanto ha contribuido a la imagen de Sevilla en el mundo. Entre esas callejas anduvo de correrías el don Juan Tenorio de Zorrilla y realizó sus célebres vírgenes y angelotes el pintor Bartolomé Esteban Murillo. Allí también se alza el Hospital de los Venerables, noble edificio que pertenecía a los venerables sacerdotes, que acoge una capilla de frescos pintados por Valdés Leal, a la vez que sirve de sede a la Casa Velázquez, donde se exhiben importantes óleos de Diego Velázquez, otro de los hijos célebres de Sevilla.

Muy cerca de allí se encuentra la Casa de Pilatos (palacete renacentista de finales del siglo XV), la Casa de los Pinelos (palacete de los albores del XVI, sede de las Academias de Bellas Artes y Buenas Letras, en donde puede apreciarse uno de los patios renacentistas más hermosos de la ciudad) y el Palacio de Mañara (de la misma época, situado en el corazón del barrio de la Judería). De época posterior, aunque concebido con la sobriedad propia del Renacimiento en España, la Real Manufactura de Tabacos (actual sede de la Universidad de Sevilla) es otro de los edificios iconos de la historia local. Allí laboraban las míticas cigarreras, de las que Carmen (inmortalizada en las páginas de Mérimée y luego por la ópera de Bizet) es el prototipo.

Centro de la actividad comercial de Sevilla es la calle de la Sierpe, que discurre desde la Plaza de la Constitución (donde se halla el significativo edificio del Ayuntamiento) hasta la Plaza de la Campana, en donde se encuentra la antigua pastelería de ese nombre, cuna del mejor tocino del cielo de la ciudad. En este barrio, la iglesia del Salvador, en la plaza de este nombre, es una de las más hermosas y la segunda en importancia de la ciudad. Construida también sobre los restos de una antigua mezquita, su última reconstrucción data del 1674 en moderado estilo barroco de gran belleza, colorido y armonía. Sede de dos importantes hermandades de la Semana Santa, la iglesia atesora retablos, pasos y una imaginería religiosa digna de ver. No lejos de ahí, a un lado de la calle de la Sierpe, la ultrabarroca Capilla de San José, es un templo de modesta dimensiones, concebido a principios del siglo XVIII, en donde la profusión de dorados y de elementos decorativos nos sitúan en pleno apogeo del estilo.

Indiscutiblemente el patrimonio religioso de Sevilla es de los más importantes de España. La gran cantidad de iglesias y conventos requiere de una estancia de varios días para poder descubrir, sólo a grandes rasgos, la extraordinaria significación de su riqueza. La iglesia de la Macarena, en los límites de la ciudad antigua y frente a las murallas árabes, es probablemente la más concurrida por conservar la imagen de la virgen más venerada por los sevillanos, al punto que hasta un museo se le ha dedicado. Otras iglesias significativas son la del Cristo del Gran Poder, la de Santa María la Blanca (que contiene una Última cena de Murillo), la del Omnium Santórum (con un significativo alminar mudéjar del siglo XIV) y la de Santa Ana, en el barrio de Triana, (una de las más antiguas de la ciudad).

Triana, del otro lado del Guadalquivir, es barrio de tradiciones. Allí el flamenco y la hermandad del Cachorro (en la iglesia en que se halla la célebre talla del llamado Cristo del Cachorro, realizada en 1682 por Francisco Antonio Ruiz Gijón), el Mercado Central, tabernas y tablados de vida bohemia, forman parte de las atracciones de esta zona eminentemente popular. En Sevilla, tanto el flamenco, como las festividades y procesiones y las corridas de toros (la ciudad se enorgullece de poseer una de las Maestranzas más hermosas de España) ritman el calendario anual. A la delirante Semana Santa siguen la procesión del Corpus Christi y la de la Virgen de la Hiniesta, otra de las patronas de la villa.

Abundan los museos, como el de Bellas Artes (llamado simplemente El Museo), en donde pueden verse además de una colección permanente compuesta de ricas tallas y de lienzos de artistas como Murillo, Herrera, Ribera, Zurbarán y Valdés Leal, excelentes muestras temporales. También existe el Museo de La Cartuja y el Museo del Monasterio de Santa Paula, así como el Convento de Santa Clara (que atesora importantes obras de Martínez Montañés) y el Convento de las agustinas de San Leandro (en donde las monjas elaboran las conocidas y deliciosas yemas de San Leandro).  La tradición de repostería elaborada en conventos es una de las especialidades de Sevilla.

La gastronomía ha adquirido renombre en los últimos tiempos. Uno de los templos culinarios más apreciados es Baco, restaurante situado en la calle Cuba, en un elegante edificio de principios del siglo XX, a lo largo de tres niveles y coronado por una espléndida terraza con vista sobre el palacio del Marqués de la Motilla, los techos de Sevilla y, a lo lejos, La Giralda y la Catedral. La Casa Robles, en la esquina de Sierpes y de la Plaza de la Constitución, es otro de los establecimientos de comida que mayor notoriedad ha alcanzado en los últimos tiempos. La artesanía es también otro de los renglones de actividad comercial de la ciudad. Buena muestra de ello se encuentra en la antigua Casa Díaz, en la céntrica calle de la Sierpe, que exhibe peinetas, mantillas, abanicos y elementos del folclor sevillano propios de fiestas religiosas y conmemoraciones civiles, apreciados por coleccionistas en todo el mundo.

También existe el dicho de que “Sevilla es maravilla” y no poca tinta ha corrido sobre las delicias de esta ciudad andaluza. Operetas, novelas, dramas y lienzos la han inmortalizado a lo largo de la historia y merecida es su fama por cuanto el rasgo esencial de su gente es el respeto de las tradiciones, la hospitalidad y la desbordante alegría con que saben vivir.

 

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2 respuestas a Sevilla es maravilla / El Nuevo Herald

  1. Miguel Iturralde dijo:

    ¿Nunca has pensado escribir un libro de viajes? Algo así como una guía Michelin a tu antojo y gusto. Claro, corres el riesgo de descubrir al mundo algunos lugares “secretos” que conoces. Saludos.

    • Pues sí que lo he pensado. Pero casi siempre son más los libros pensados que los escritos… Ojalá se pudiera escribir con la rapidez con que se diseñan en la mente los libros.

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