Tango negro en París / en El Nuevo Herald

Juan Carlos Cáceres y William Navarrete, en París, sept. 2013.

Hoy escribo en El Nuevo Herald sobre el maestro Juan Carlos Cáceres. Pianista, compositor, investigador, ha sido uno de los defensores de los orígenes negros (afrocaribeños) del tango. Dos jueves por mes, junto a su esposa, organiza una peña de tango (abierta al público) en su taller en el distrito IX de París. En ese espacio confluyen artistas, músicos, escritores y público en general como en los tiempos de la bohème parisienne. Vale la pena acercarse a los jueves de Tango Negro. La próxima será el jueves 8 de noviembre, a las 20h. Es en el 71 de la rue Rochecouart.

Enlace al Nuevo Herald: Juan Carlos Caceres: tango negro en Paris

Juan Carlos Cáceres: tango negro en París

El Nuevo Herald, 4 de noviembre de 2012

William Navarrete

Hace cuatro décadas que el maestro Juan Carlos Cáceres vive en París. Llegó a la capital de Francia, para quedarse, en mayo de 1968. Curiosamente, a diferencia de muchos de sus compatriotas, no vino por razones políticas sino más bien existencialistas. De hecho, había sido el promotor en Buenos Aires, ciudad en la que nació en 1936, de La Cueva de Pasarotus, en la avenida Pueyrredón (que fundó en 1962), inicialmente un mítico club de jazz en donde el existencialismo y sus derivados se desarrollaban al mismo tiempo que en Europa. Con anterioridad, en 1961, había abierto el Mogador, un club que se enorgullece de haber tenido a figuras musicales tan relevantes como Dizzy Gillespie y Juliette Greco.

El maestro Juan Carlos Cáceres con Juliette Greco

Prolífica ha sido su carrera. Más de veinte álbumes grabados, decenas de escenarios en donde ha tocado y cantado en el mundo entero, tres grupos fundados (Malón, Gotán y Tangofón), numerosos ensayos teóricos sobre la música y un libro (Tango negro) recién publicado por la editorial Planeta, varias exposiciones de pintura (arte al que también se dedicó durante cierto tiempo), un sinúmero de composiciones de su propia autoría y anécdotas a profusión, completan la fecunda obra de este porteño infatigable.

Desde hace cuatro años, a razón de dos veces al mes, recibe al público en su estudio de la calle Rochechouart, en el distrito IX de París, a pocos pasos de la plaza de Amberes. Esas veladas, fundadas junto a su esposa, la artista Alicia Zadán, las fundó en 2008. En ellas música, charlas, pintura y arte en general conviven, dan pie a que todo lo que esté de paso por París y se refiera al universo del tango se dé cita en torno al piano de Cáceres y a sus invitados, para entender lo que durante décadas fue negado por razones políticas, e incluso psicológicas: la negritud del tango argentino, sus orígenes caribeños, cuando el género no había sido aún blanqueado y exportado como consecuencia de las migraciones de europeos en el Cono Sur.

A Juan Carlos Cáceres le ha interesado siempre el tema de las raíces afrocaribeñas del tango. Es especialista en la materia y evoca la importancia de Sebastián Piana, en la década de 1940, como precursor de este rescate. “Todo mi trabajo – apunta – está basado en la legitimad de las grabaciones y documentos que poseo”. Da gusto oírle evocar las historias olvidadas del viejo Buenos Aires de principios del siglo XX. “A orillas del arroyo Maldonado, hoy sepultado por una avenida, habían tugurios de negros que tocaban tango para negros y esos testimonios de la negritud del género perduraron hasta la década de 1940”, revela.

Cuando averiguo sobre los orígenes de ese tango de otros tiempos me dice que “Cuba es el centro neurálgico de todo lo que musicalmente sucederá después”. En esta isla caribeña pudo tocar en una ocasión, en 1984, con la orquesta del maestro Osvaldo Pugliese. Explica cómo la habanera (variante de la contradanza) es ya en sí misma una deformación del tango africano original tocado a la manera clásica europea para blanquear el ritmo. Una habanera que, en sus viajes de ida y vuelta, entre Cuba y Europa, termina por introducirse en el sur de los Estados Unidos, exactamente en Nueva Orleans, en donde se le escuchará vestida de ragtime y que terminará por llegar al Río de la Plata al fusionarse con el candombe de los negros del Río de la Plata y con la milonga.

Con la orquesta de Pugliese, en La Habana, Cuba, 1984.

Se me antoja creer que pensando en la feminidad de la habanera, en su sensual ritmo, el maestro Cáceres ha dedicado muchas de sus composiciones a mujeres relevantes de la historia de su país. Entre éstas se hayan A Camila (que evoca a la célebre Camila O’ Gorman, fusilada en 1848 en épocas de Juan Manuel de Rosas acusada de mantener relaciones con el padre Ladislao Gutiérrez), A Manuela (la hija y consejera política del propio Rosas), Delfina (la amante portuguesa del caudillo Pancho Ramírez, uno de los primeros montoneros del siglo XIX), Alejandra (inspirada en el personaje de Sobre héroes y tumbas, una de las novelas de Ernesto Sábato), entre otras. Hoy día, parte de su brillante y variado repertorio de tangos, murgas y jazz ha sido compilado en la antología 40 años, que acaba de ver la luz en su ciudad natal.

En su trayectoria cuenta su obra pictórica. Su primera exposición en esta disciplina data de 1962 y puede jactarse de haber tenido, en el periódico La Nación, la crítica que al respecto le dedicara Manuel Mujica Láinez, uno de los grandes escritores argentinos de todos los tiempos. Con el mundo literario sus vínculos fueron estrechos con Ernesto Sábato y Julio Cortázar. Admira la obra del poeta, dramaturgo y novelista argentino  Leopoldo Marechal y no ha de extrañarnos que entre sus composiciones haya también una que tituló La Maga, dedicada al personaje de la novela Rayuela de Cortázar.

Ahora que ha habido gran revuelo sobre el origen de Carlos Gardel, de quien la prensa ha dado como revelación que su partida de nacimiento se halla en Tolosa, sur de Francia, le pregunto sobre el tema. “Resulta inexplicable que se dé como noticia nueva algo que todo el mundo sabe desde hace más de tres décadas. Yo mismo incluí la partida de Gardel en Tolosa en uno de mis libros”, responde para recalcar que este hecho no tiene gran importancia, ni novedad, ni cambia nada en cuanto a la dimensión de Gardel en el universo del tango y en Argentina.

Con Mercedes Sosa y Torres Agüero, años 1960, en Paris.

Las puertas de Tango negro en París están abiertas, dos veces al mes, a todos los que pasen por esta ciudad y deseen conocer, sin protocolos ni citas previas, al maestro Juan Carlos Cáceres. Con él inauguramos esta galería de personajes latinoamericanos que renuevan el Viejo Nuevo con su experiencia artística y representan en Europa la cultura venida desde la otra orilla del Atlántico.

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4 respuestas a Tango negro en París / en El Nuevo Herald

  1. Miguel Iturralde dijo:

    Los jueves al mediodía, un señor de apellido Yépez conduce un programa dedicado al tango a través de las ondas de Radio Universidad de Puerto Rico. En más de una ocasión lo he escuchado hablar de las raíces negras del tango. Enhorabuena al sr. Cáceres por su obra tan fructífera. Saludos.

  2. Miguel Iturralde dijo:

    William, para publicar un comentario aquí hay que facilitar un correo electrónico. Si no es posible obtenerlo de ahí, entonces lo pongo aquí en un comentario (no me gusta hacerlo público porque es un correo privado). Sería un placer poder saludarte personalmente. Saludos.

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