Portofino – Riviera italiana

© Photos / Fotos: William Navarrete.

Donde la perfección reúne al cielo y el mar. Portofino se encuentra a orillas de una caleta, que le sirve de modesto puerto, y al final de una península a la que sólo se accede por una carretera estrecha o por mar. El sitio es, sin lugar a dudas, paradisíaco. Solo que los humanos lo han convertido en casi detestable. La afluencia en verano es tal que las filas de coches a la espera de un sitio libre para aparcar en el único estacionamiento del pueblo (subterráneo y a 5, 50 euros la hora) se extiende a lo largo de buena parte de la carretera. Una auténtica ratonera, me imagino, para aquellos que se empeñan en no dejar nunca sus coches. El monopolio que ejercen los pocos comerciantes del lugar se traduce en precios astronómicos, a tono con la población flotante que de costumbre visita el lugar: millonarios (muchos nuevos ricos) de esos que visitan los sitios porque tal princesa o famoso estuvo el mes pasado o porque mascual mafioso ruso fondea su lujoso yate durante los meses de invierno. Lo mejor es transitar los senderos boscosos de la península temprano, cuando los otros visitantes, o sea, las hordas de turistas que llegan en barcos desde cruceros que vomitan grupos de hasta cincuenta personas, se apropien con sus chancletas y salvavidas rosados (no hay casi espacio de playa propiamente dicho) del lugar. Sólo antes de las diez de la mañana, el camino hacia el castillo Brown, la iglesilla, el faro o a la abadía franciscana está libre de toda esa fauna. A Portofino casi es mejor ir cuando nieva, una vez cada no sé cuántos años. Es un poco el Saint-Tropez de la Riviera italiana, o sea, un sitio que fue mágico y seguiría siéndolo si de pronto las princesas y los famosos decidieran cambiar de lugar. Si de pronto la humanidad cambiase de mentalidad.

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6 respuestas a Portofino – Riviera italiana

  1. El Mayo dijo:

    Asusta ver los grandes yates colmando el pequeño puerto.

  2. Invitación

    Yo soy brasileño, y tengo un blog, muy simple.
    Estoy lhe invitando a visitar-me, y se posible, seguimos juntos por ellos.
    Fuerza, Alegría y Amizad.
    Ven para acá.

    http://www.josemariacosta.com

  3. Miguel Iturralde dijo:

    Es una pena… tenía la impresión de que los europeos en dicha zona eran un tanto más urbanos en este aspecto. C’est la vie, la cafrería no reconoce fronteras. Otra cosa es la dichosa manía de tratar de llegar en auto hasta la misma puerta del lugar que se visita. En Europa occidental, según mi experiencia, la transportación pública es excelente. Cuando estuvimos en Niza, desde allí visitamos ciudades y villas vecinas en tren, Mónaco inclusive. Saludos.

    • Hola Miguel: hay de todo en todas partes. Lo esencial es ponerse a salvo. Si, en todos los Alpes Maritimos hay una red de autobuses increible. Por euro vas a cualquier pueblo de la costa y hasta a algunos de la trastierra. Abrazos.

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