Nivaria Tejera / hoy en El Nuevo Herald

Hoy escribo en El Nuevo Herald sobre la gran escritora cubana (y amiga) Nivaria Tejera, de larga vida en París, anecdotario rico, verbo intenso y sustanciosa escritura:

Nivaria Tejera, un exilio entre tres islas

Por William Navarrete

El Nuevo Herald (Artes y Letras), 2 de septiembre de 2012

Nació en Cienfuegos, su infancia transcurrió en Tenerife, regresó a Cuba al terminar la guerra civil española. Desde muy joven se destacó en el ámbito de la poesía, fragmentos de su primera novela fueron publicados en la revista Orígenes (fundada por José Lezama Lima en La Habana), otras colaboraciones aparecieron en Ciclón (dirigida por José Rodríguez Feo, también en la capital cubana). Con el triunfo de la revolución de 1959 ocupa un cargo de representante cultural en Roma y en París, al que renunciará, poco después, al exiliarse definitivamente en Francia, en 1965. Desde entonces vive en París, donde ha escrito lo esencial de su obra.

Nivaria Tejera ha vivido en tres islas. Dos de ellas rodeadas de mar: Cuba y Tenerife. La tercera, rodeada de tierra, pero surcada por ríos cuyos cursos buscan siempre el mar: Isla de Francia, la región donde se encuentra la capital francesa y los restantes departamentos que la circundan. Como asideros las islas la persiguen. Tal vez por ello, inconscientemente, se aísla: no es dada a la vida pública, tampoco a los homenajes, a las tribunas, al figureo. Labra en silencio su obra, profunda, impresionante, sincera, muy humana. Pide silencio para que las letras no pierdan su dignidad, porque respeta ante todo su profesión lo cual significa respetar a quien la lee.

Indago en qué lugar del mundo le gustaría hallarse ahora. Me responde: “Tal como va el mundo, armado de conflictos que se encadenan unos con otros, es difícil imaginar trasplantes existenciales o preferencias residenciales. El aquí o el más allá van perdiendo sentido, por lo que considero esencial mantener una línea de fuego que nos preserve de tanta vorágine y prolongar de este modo nuestra fuerza, es decir, la soledad necesaria al pensamiento. Sólo el instinto sabe de estas cosas”.

En el texto de clausura que leyó en el homenaje que le hiciera, durante tres días de marzo de 2008, el Instituto Cervantes de Nueva York expresó: “Es sabido que el valse de los homenajes colma a sus elegidos del lacio placer de la presunción, de una vanagloria (tradúzcase gloriola) que, para decirlo con humor, les aflojan los fuelles, deslizándolos a nadar sin fin en lo que Vallejo nombraba la nonada

Sus novelas han marcado hitos. La primera de ellas, El barranco, fue publicada en 1959. Se trata de la primera novela que describe la guerra civil española desde la perspectiva de la infancia. Los barrancos son indisociables de Tenerife. De esa isla lleva ella su nombre: Nivaria, que era como la llamaban los navegantes portugueses porque se les aparecía en el horizonte, siempre como fanal, con la cumbre del Teide coronada de nieve. De esa isla era su padre, un destacado periodista, Saturnino Tejera, que marcó el ámbito cultural de la ciudad cubana de Cienfuegos cuando a ella llegó con Nivaria y con Tinerfe, su otro hijo.

A El barranco, celebrada por grandes plumas de las letras francesas (Nathalie Sarraute, Maurice Nadeau, etc.) se añade, años después, Sonámbulo de sol, novela con la que gana el Premio Seix Barral de Novela Breve 1971. Luego vendrán Huir la espiral (1987) y Espero la noche para soñarte, revolución (2002), todas publicadas en español y en francés. La poesía la ha escrito desde muy joven. Su primer poemario publicado, Luces y piedras, data de 1949. A este le siguen: Luz de lágrima (1951), La gruta (1952), Innumerables voces (1962), La barrera fluidica o París escarabajo (1976), Rueda del exiliado y Martelar (ambos de 1983).

A un autor siempre queremos preguntarle por sus referencias literarias, incluso por los contemporáneos que le han marcado recientemente. Al respecto Nivaria Tejera afirma que “[le] han guiado tantos escritores que no podría citarlos… En otras ocasiones los he nombrado y vuelvo a los mismos intuitivamente para renutrirme, reposarme en ellos, sobretodo en Dante y su Divina Comedia, o en los Cantos de Job, de la Biblia, queriendo indagar aún, como lindes de experimentacion, en los fundamentos poéticos que rigen su rigor visionario, siendo la poesía el centro imantado de mi epicentro neurálgico”.

Entre sus últimos descubrimientos cita a Michel Schneider con su Muertes imaginarias y a Herman Bröch en La muerte de Virgilio. “Los divido en tiempos, en asombros, en sueños”, añade. “Son libros que me conmueven de tal modo que confieso no acabar nunca de leerlos. Sorprendentes, únicos, quisiera uno apropiárselos”, concluye.

Ahora, celebramos la publicación por la editorial madrileña Torremozas, del libro de ensayos, recopilados por la académica María Hernández-Ojeda: Canarias, Cuba y Francia: Los exilios literarios de Nivaria Tejera. El libro, cuya portada es obra de Gladys Triana, artista cubana exiliada en Nueva York, reúne las ponencias y textos presentados por catorce autores e investigadores literarios en el mencionado homenaje en Nueva York. Mención aparte requiere el poema en forma de acróstico que le dedica el también escritor cubano radicado en París, José Triana y que se encuentra entre los textos compilados; así como el que le consagra la escritora cubana establecida en Texas, Mabel Cuesta, titulado Cuando Nivaria vino a Nueva York. Entre los textos figura también el de Jason Weiss quien resume el trabajo del editor y artista francés Benoit Verhille y las razones que le motivaron para realizar en forma de performance audiovisual la novela Huir la espiral, interpretada, en esas condiciones por el Groupe Anonyme de la ciudad norteña de Lille, en Francia. En un plano más personal Antonio Álvarez de la Rosa, catedrático de la Universidad de La Laguna, en Tenerife, ahonda en la imbricación entre literatura y amistad con respecto a su relación con la autora.

De cuestiones propiamente literarias que atañen la labor creadora de Nivaria Tejera se ocupan las académicas Madeline Cámara, Helena Araújo, María Díaz Vega, así como la escritora Lourdes Gil. Por su parte, Carol Maier, traductora de la reciente edición de El barranco en inglés (SUNY Press, Nueva York, 2008) cuenta su experiencia en este ámbito y Marie Houdayer enfoca su texto estableciendo paralelos entre el personaje clásico de Antígona y la propia voz literaria de Nivaria, enfrentada con la palabra al poder totalitario. Andrea E. Morris, catedrática de la Louisiana State University desentraña la psiquis del protagonista de la novela Sonámbulo de sol. Por último, el editor cubano Pío Serrado, exiliado en Madrid y director de la editorial Verbum, cuenta su relación profesional y amistosa con la autora, a quien ha incluido en el catálogo de la casa que dirige y con quien ha mantenido una larga y profunda amistad.

Deseo saber qué piensa la escritora de la sociedad en vive. No vacila en responder que “da pena pensar en ella”. La considera una sociedad manipulada en la que prevalece “la ambición de poseer lo que sea, eso que llaman ‘bienes de consumo’, bienes que vulgarizan a las mayorías, las raquitizan, como si con ello colmasen una ansiedad existencial”.

Sus planes futuros son “escribir, escribir, tantas cosas y ninguna”. Aclara que continúa “tanteando con curiosidad en el por qué del misterio de escritores que me han sorpendido, en el secreto de su magnetismo. Y en el escorzo de ese indagar surgen páginas inesperadas, eco de ecos de lo que ya escribí, construyendo y desconstruyendo eventos como si los hubiera vivido”.

Tiene una proposición de reedición de todos sus libros en francés, agregando uno inédito. De los planes de escritura me advierte que “como los llamas, van perdiendo orientaciones precisas ante la invasión actual de las ‘revisiones’ o interpretaciones noveladas de la Historia”.

A Nivaria Tejera la realidad de la Historia con mayúsculas le parece “una hartura”, y recuerda que “cada vez cree más, como Lezama Lima, en la imagen como la última de las historias posibles, en que las interminables odiseas como la joyciana de Bloom-day van quedando absorbidas por sus mismas corrientes de aire”.

Se considera “más vecina de los últimos balbuceos de Beckett, ese devorador de palabras que, a fuerza de experimentar con ellas, las iba vaciando de sentido”. Algo que, apunta, irónicamente, “incluso a eso, en esas extremas condiciones, se le llama escribir”.

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3 respuestas a Nivaria Tejera / hoy en El Nuevo Herald

  1. El Mayo dijo:

    Magnífica semblanza. Enhorabuena!!!

  2. Generally I do not read article on blogs, but I wish to say that this write-up very compelled me to take a look at and do it! Your writing taste has been amazed me. Thank you, quite great post.

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